Apocalypse.exe

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Submergés à brûle-pourpoint dans la vision d´Hollywood,
le soir, après dîner en famille,
hallucinations et revues de presse.
Nous effeuillons la fleur pixelisée,
la forêt carnivore qui crache des corps.
Le mont dépouillé hurle sous le feu,
tandis que les points cardinaux brûlent.
Le sirocco fissure l´écorce des derniers arbres,
la salicorne vole à la falaise.
Des nuages de poussière, à belles dents contre les oiseaux,
des balles perdues dans le brouillard acide.
Des crânes et des cornes, des plastiques et des squelettes.
Des ouragans se lancent par des précipices,
le temps exécuté à bout portant.
Des pneus en feu et des chants lugubres
lancent une colonne de suie vers le ciel,
là où des drones aliénés guettent,
des yeux éloignés qui pleurent du poison sur la foule.
Pas de jour ou de nuit, l´espace voilé,
habité par des images dystopiques et brutales,
qui, en floutant le mystère, modèlent notre visión.
Sombrés comme des ruines dans la désolation,
en fuyant vers le néant et la peur.

A.S.Puche - Pare-feu 2017

Apocalipsis.exe

Hundidos a boca jarro en la visión hollywoodiense,
por la noche, después de cenar con la familia,
alucinaciones y recortes de prensa.
Deshojamos la flor pixelada,
el bosque carnívoro escupiendo cuerpos.
El monte despellejado aúlla bajo el fuego,
mientras arden los puntos cardinales.
El siroco resquebraja la corteza de los últimos árboles,
el salicor vuela a los acantilados.
Nubes de tierra a dentelladas contra pájaros,
balas perdidas en la neblina ácida.
Calaveras y cuernos, plásticos y osamentas.
Huracanes se lanzan por despeñaderos,
el tiempo ejecutado a quemarropa.
Neumáticos ardiendo y cantos lúgubres
lanzan al cielo una columna de hollín,
donde acechan drones enajenados,
ojos remotos llorando veneno sobre la multitud.
Sin día ni noche el espacio velado,
habitado por imágenes distópicas y brutales.
Modelan nuestra visión desenfocando el misterio,
hundidos como ruinas en la desolación,
huyendo hacia la nada y el miedo.

A.S.Puche - Cortafuego 2017

 

 

Tiempo

Desmonté pieza a pieza mi reloj buscándote,
pero no estabas en mi muñeca.
Fui de estación en estación preguntando y nadie respondía,
a pesar de la prisa, excepto alguien que no esperaba el tren,
pero no entendí lo que decía.
Busqué en foros de todo tipo, en quioscos y en joyerías,
queriendo descubrir el secreto de tu latido misterioso,
chocando sin parar contra la pared vacía.
Demandé en la cola del paro y en la charcutería,
pero nadie decía, nadie hablaba.
Sumé, seguí en aquella difícil búsqueda,
dormí durante el día, frecuenté la madrugada,
pero tampoco allí conseguí respuesta,
todo el mundo hacía como si nada.
Insistí, hice zapping, navegué a veinte megas,
fui a mítines importantes, a tamboradas y retiros de yoga,
pero no hallé pistas, sendas ni guías.
Escuché el silencio en lo alto de la montaña,
y más arriba, estrellas fugándose,
nubes perdiendo la memoria,
el curso del río abriendo la tierra mojada,
pero sólo pude verte de espaldas, corriendo.
Desmonté pieza a pieza mi reloj buscándote,
pero no estabas en mi muñeca.
Fui de estación en estación preguntando y nadie respondía,
a pesar de la prisa, excepto alguien que no esperaba el tren,
…


A.S.Puche - Cortafuego 2017

Iglesia de Santa María de Palau. SºXII-XIII.
Sant Llorenç de la Muga, Girona

El arte en Nocturnal Animals

 

Hace algunos años una amiga me dijo que las inauguraciones estaban muertas. Era una sentencia del tipo punk is dead, cruda pero real. Recientemente he visto una película que refleja esta idea, Nocturnal Animals, una producción de Focus Features. El film comienza con el oppening de una exposición cuyas obras son enormes cuadros animados, al estilo de los que decoran el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería en Harry Potter. Glamurosas mujeres obesas muestran su desnudez mórbida mientras bailan de manera sensual. Pero el espectáculo carece de glamour y sensualidad, es una contradicción en la que el espectador queda atrapado de entrada. Las bailarinas podrían parecer modernas Venus Esteatopigias si no estuviesen caracterizadas como mayorettes, con botas, guantes, sombreros y hombreras militares, haciendo twirling o agitando pompones como animadoras deportivas, ondeando banderas de Estados Unidos en un ambiente festivo de bengalas, purpurina y confeti. La cámara lenta recrea el desparpajo de la grasa flotando en el celuloide, nuestra mirada es capaz de percibir el descontrol del cuerpo abandonado a su suerte. Junto a los cuadros pantalla, en el centro de la sala, las modelos descansan sobre pedestales como animales abatidos después de una cacería. Es el culmen de la obra, la mujer objeto, arrojada a la jauría de miradas que buscan espectáculo.

El patetismo de las imágenes contrasta con el refinamiento y la elegancia del público, ajeno a lo que está sucediendo. Podría tratarse de un club nocturno en lugar de una sala de exposiciones, de una reunión de máscaras al estilo Eyes Wide Shut, o de cualquier escena de Saló o los 120 días de Sodoma. Un recurso nada novedoso, aunque su contexto sea el mundo del arte contemporáneo en una cosmopolita ciudad norteamericana. Homer Simpson lleva enseñándonos la barriga más de veinticinco años, y la aparente mordacidad de la serie de animación no es una crítica al american way of life, sino más bien una invitación a tomar hamburguesas delante de la tele. Eso es lo que muchas opiniones quieren ver en Animales Nocturnos, que el desencanto de Susan, la protagonista y próspera directora de la galería de arte, y los comentarios sobre las obras, son una reacción al “vacío de la sociedad contemporánea” y al arte del siglo XXI. “La obra tenía una fuerza increíble, era perfecta, con toda esa escoria de cultura en la que vivimos (…) Disfruta de lo absurdo de nuestro mundo, es mucho menos doloroso”, comenta uno de los personajes. Una declaración de principios. Pero la misión del cine no es promover la crítica social, ni remover conciencias para cambiar la realidad, sino canalizar los impulsos del espectador hacia el lugar deseado. No en vano es uno de los más efectivos instrumentos de propaganda. Como se suele decir, el buen vendedor es quien te vende algo sin dar la sensación de haber querido vendértelo. Y es mejor aún el que además te hace creer que has elegido tú. Todo esto lo resume Avelina Lésper a propósito de “un colectivo de arte en Londres” que “hizo mil vaginas de papel para concientizar a las mujeres de que se sientan orgullosas de su cuerpo y no accedan a la mutilación femenina, en el colmo de la irresponsabilidad otra vez reducen a las mujeres a ser una vagina”. De eso se trata, de contestar reafirmando el discurso dominante. Pero se olvida generalmente que dicho discurso no está construido de abajo a arriba, sino en sentido contrario.

 

A.S.Puche. Pinceladas al Azar © 2017