I´m not a member





No hay lugar mejor en el mundo que aquí y ahora.
Luces magnéticas rebotan en el fondo de tu maquillaje
emborronado después de bailar.
Los gritos son burbujas, no hay espacio para resistir, 
ni manera de salir sin soplar por la nariz. 
La luna salta en su jaula, 
ropa empapada, el móvil inservible, el reloj no estaba. 
Dientes fluorescentes. 
Nos abrimos paso despedazando a la muchedumbre,
que ni se dio cuenta.
Urgencia atando las manos, dedos sobre dedos.
Humanos mecánicos rebotan, como si fuese un juego, 
engranajes casi perfectos,
y decidimos dejarlo todo, respirar.
No necesito patear el vaso sobre la acera,
ni conducir cuando, seguro, daría positivo.

Por ahora sumérgete en mí, como lo haría yo si existiese.
Olvidas que apenas nos conocimos.
Cuatro pies a destiempo, multiplicando por ocho,
detrás las sombras intentan mantener el orden,
pero no es posible, el orden,
llegados a este momento en el que nos mordemos los labios 
en la parte trasera de un taxi que no parará al amanecer.
Ni tú ni yo tenemos casa.
Deja que me quede oliendo tu ropa,
mientras dibujas mis ojos cerrados.
Unos dedos mueven el dial y esa canción,
la que siempre oigo en eventos y comuniones,
No hay manera, no puedo vivir sin ti, podría haberse quedado,
pero un semáforo rojo nos da tregua para salir corriendo. 
El taxista grita. Hasta que alguien, sentado detrás, 
lo despierta en alguna parada, “Perdone, aquí hay veinte euros”.
Te das cuenta que he perdido un zapato,
pero estaba corriendo como un niño. Esta vez nada nos detendrá.

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