Ciudad Centro

 

 

Visitantes con palos de selfie llenan miradores,
bancos y paradas de taxi.
Grupos de turistas recorren la ciudad,
fotografiando aldabas, tejados y murallas,
filas de estudiantes nerviosos atentos al silbato.

En el caos equilibrado
los conductores intercambian su mal humor,
otros pasan de largo, ajenos al tumulto de vuelos charter.
Maletas sortean rastros de perro,
golpeando los bordillos.
Sándalo y piel de cabra, filetes de cordero ensartado.
Es el bazar, como sus ornamentos,
sin principio ni fin.

Leones de resina iluminan escaparates,
coches patrulla flanquean Ciudad Centro.
Fast food, niños en el carroussel,
palomas encapuchadas abanican la tarde.
La catedral dobla su apuesta,
¿Cara o cruz? ¿Luna o espejo?

El viejo palacio sobre el río Darro,
cuya puerta cuesta catorce euros cruzar.
Largas pendientes de adoquines,
los neumáticos percuten notas improvisadas.
Así son las calles, patios de clausura.
Peregrinos con cajones flamencos marcan el paso,
ritmos latinos prendiendo el atardecer.

De una ventana un lamento remasterizado,
entona el cantaor como neblina acariciando los zarzales.
Jamones en montones,
vírgenes rizadas soñolientas entre cafés cortados
y bocadillos para llevar.

Antonio Soriano Puche, Cortafuego ©2017

Autoretrato

 

Me alejo de la respuesta esperada, de la reacción común denominador.
Serio a primera vista, me asustan las muchedumbres,
camino en sentido contrario cuando empiezan los fuegos artificiales.
Apago la tele, sobre todo si hay niños delante.
Regreso en la operación salida, y no piso los templos,
no por ateo sino porque no creo en sus gestores, ni confío en su contabilidad.

A veces me hastío de mí y de no tener fuerza suficiente para cambiar el mundo,
con un dibujo y una poesía.
Mi cara lo dice todo, incluso cuando hay que disimular.
Los días sin fruto me derrumbo como un alud.
Me gusta leer -si es posible, y aunque mientan- las etiquetas.
Voy acompañado de mis circunstancias,
aunque ellas no cuenten conmigo todo lo que quisiera.
Recelo de los días señalados, pues no distingo los auténticos de los falsos.
Prefiero el silencio, en ciertas situaciones, a las frases hechas.
Me gusta madrugar, escuchar el canto de los pájaros,
y no creo que la poesía haya muerto.
Soy natural por ingenuo,
y humano por naturaleza.
Pienso las respuestas algo tarde,
cuando da igual o el tema de conversación se ha olvidado.
Por eso, si ahora volviera al colegio,
les diría más de cuatro cosas a los profesores.
En otoño renazco con el viento y el caer de las hojas.

A.S.Puche, Cortafuego ©2017

In memoriam

La muerte está lejos,
a la vuelta de cada esquina.
Pese a nuestras controversias,
la muerte sigue su curso.
Venimos de ella, y a ella vamos.
Desde el origen del universo
hasta septiembre
de mil novecientos setenta y dos,
según el calendario romano,
a las cinco y cuarto de la tarde,
yo no existía.
¿O fue nueve meses antes?
Descarto la opción de vidas pasadas,
porque, en su caso, ¿cuántas fueron?
En algún momento tuve que no ser.

Millones de años pasaron y no pasó nada,
sólo silencio y la noche después de un pestañeo.
Nada recuerdo, ni haber nacido, ni haber muerto.

La muerte está lejos, escondida en los cementerios,
y es tan vieja que algún día llegará su hora.
Cojea, le falla la vista,
por eso se equivoca tan a menudo,
y se sienta a descansar en cualquier camino.
Sus liftings no pueden engañarnos,
aunque parezca de espaldas una quinceañera.

A.S.Puche – Cortafuego, 2017 ©

Sólo palabras

27

Hay palabras amantes,
siempre dispuestas,
de las que nunca faltan
cuando uno es feliz,
son necesarias esas palabras,
para celebrar eclipses,
para borrar distancias.

Las hay que no aman,
políticamente correctas,
de las que abundan en discursos,
informes y cartas certificadas,
son palabras distantes,
frías y calculadas,
para sellar acuerdos,
para rendir/derrotas.

Hay palabras que odian
y viven agazapadas,
esperando el momento
de hundir su etimología
en nuestras narices despistadas.
Si no saben qué decir disparan,
indiscriminadamente,
para hacernos vulnerables,
callar y sentir nada.

A.S.Puche – Cortafuego ©2017

Apocalypse.exe

 

20161011_145718

 

Submergés à brûle-pourpoint dans la vision d´Hollywood,
le soir, après dîner en famille,
hallucinations et revues de presse.
Nous effeuillons la fleur pixelisée,
la forêt carnivore qui crache des corps.
Le mont dépouillé hurle sous le feu,
tandis que les points cardinaux brûlent.
Le sirocco fissure l´écorce des derniers arbres,
la salicorne vole à la falaise.
Des nuages de poussière, à belles dents contre les oiseaux,
des balles perdues dans le brouillard acide.
Des crânes et des cornes, des plastiques et des squelettes.
Des ouragans se lancent par des précipices,
le temps exécuté à bout portant.
Des pneus en feu et des chants lugubres
lancent une colonne de suie vers le ciel,
là où des drones aliénés guettent,
des yeux éloignés qui pleurent du poison sur la foule.
Pas de jour ou de nuit, l´espace voilé,
habité par des images dystopiques et brutales,
qui, en floutant le mystère, modèlent notre visión.
Sombrés comme des ruines dans la désolation,
en fuyant vers le néant et la peur.

 

A.S.Puche – Para feu ©2017