Ciudad Centro

 

 

Visitantes con palos de selfie llenan miradores,
bancos y paradas de taxi.
Grupos de turistas recorren la ciudad,
fotografiando aldabas, tejados y murallas,
filas de estudiantes nerviosos atentos al silbato.

En el caos equilibrado
los conductores intercambian su mal humor,
otros pasan de largo, ajenos al tumulto de vuelos charter.
Maletas sortean rastros de perro,
golpeando los bordillos.
Sándalo y piel de cabra, filetes de cordero ensartado.
Es el bazar, como sus ornamentos,
sin principio ni fin.

Leones de resina iluminan escaparates,
coches patrulla flanquean Ciudad Centro.
Fast food, niños en el carroussel,
palomas encapuchadas abanican la tarde.
La catedral dobla su apuesta,
¿Cara o cruz? ¿Luna o espejo?

El viejo palacio sobre el  Darro,
cuya puerta cuesta catorce euros cruzar.
Largas pendientes de adoquines,
los neumáticos percuten notas improvisadas.
Así son las calles, patios de clausura.
Peregrinos con cajones flamencos marcan el paso,
ritmos latinos prendiendo el atardecer.

De una ventana un lamento remasterizado,
entona el cantaor como neblina acariciando los zarzales.
Jamones en montones,
vírgenes rizadas soñolientas entre cafés cortados
y bocadillos para llevar.

Antonio Soriano Puche, Cortafuegos ©2018 Ediciones en Huida

Autoretrato

 

 

Me alejo de la respuesta esperada, de la reacción común denominador.
Serio a primera vista, me abruman las muchedumbres,
camino en sentido contrario cuando empiezan los fuegos artificiales.
Apago la tele, sobre todo si hay niños delante.
Regreso en la operación salida, y no piso los templos,
no por ateo, sino por cuestiones puramente burocráticas.
A veces me hastío de mí y de no tener fuerza suficiente para cambiar el mundo,
con un dibujo y una poesía.
Mi cara lo dice todo, incluso cuando hay que disimular.
Los días sin fruto me derrumbo como un alud.
Me gusta leer, si es posible, las etiquetas.
Voy acompañado de mis circunstancias,
aunque ellas no cuenten conmigo todo lo que quisiera.
Recelo de los días señalados, pues no distingo los auténticos de los falsos.
Prefiero el silencio, en ciertas situaciones,
cuando lo que decimos son frases hechas.
Me gusta madrugar, escuchar el canto de los pájaros,
y no creo que la poesía haya muerto.
Soy natural por ingenuo y humano por naturaleza.
Se me ocurren las respuestas algo tarde,
cuando da igual o el tema de conversación se ha olvidado.
Por eso, si ahora volviera al colegio,
les diría más de cuatro cosas a los profesores.
En otoño renazco con el viento y el caer de las hojas.

A.S.Puche, Cortafuegos ©2018 Ediciones en Huida

In memoriam

La muerte está lejos,
a la vuelta de cada esquina. 
Pese a nuestras controversias, 
la muerte sigue su curso. 
Venimos de ella, y a ella vamos. 
Desde el origen del universo 
hasta septiembre de mil novecientos setenta y dos, 
según el calendario romano,
a las cinco y cuarto de la tarde, 
yo no existía. 
¿O fue nueve meses antes? 
Descarto la opción de vidas pasadas, 
porque, en su caso, ¿cuántas fueron? 
En algún momento tuve que no ser.
Millones de años pasaron y no pasó nada, 
sólo silencio y la noche después de un pestañeo.
Nada recuerdo, ni haber nacido, ni haber muerto.

La muerte está lejos, escondida en los cementerios,
y es tan vieja que algún día llegará su hora.
Cojea, le falla la vista, 
por eso se equivoca tan a menudo,
y se sienta a descansar en cualquier camino.
Sus liftings no pueden engañarnos,
aunque parezca de espaldas una quinceañera. 

A.S.Puche, Cortafuegos © 2018 Ediciones en Huida

Tiempo

Desmonté pieza a pieza mi reloj buscándote,
pero no estabas en mi muñeca.
Fui de estación en estación preguntando y nadie respondía,
a pesar de la prisa, excepto alguien que no esperaba el tren,
pero no entendí lo que decía.
Busqué en foros de todo tipo, en quioscos y en joyerías,
queriendo descubrir el secreto de tu latido misterioso,
chocando sin parar contra la pared vacía.
Demandé en la cola del paro y en la charcutería,
pero nadie decía, nadie hablaba.
Sumé, seguí en aquella difícil búsqueda,
dormí durante el día, frecuenté la madrugada,
pero tampoco allí conseguí respuesta,
todo el mundo hacía como si nada.
Insistí, hice zapping, navegué a veinte megas,
fui a mítines importantes, a tamboradas y retiros de yoga,
pero no hallé pistas, sendas ni guías.
Escuché el silencio en lo alto de la montaña,
y más arriba, estrellas fugándose,
nubes perdiendo la memoria,
el curso del río abriendo la tierra mojada,
pero sólo pude verte de espaldas, corriendo.
Desmonté pieza a pieza mi reloj buscándote,
pero no estabas en mi muñeca.
Fui de estación en estación preguntando y nadie respondía,
a pesar de la prisa, excepto alguien que no esperaba el tren,
…


A.S.Puche - Cortafuegos © 2018 Ediciones en Huida

Video: Presentación del libro “Cuando el color vibra”

Presentamos el libro “Cuando el color vibra”, editado por Galería Léucade, con textos de su directora, Sofía Martínez, recoge una selección de trabajos realizados por Antonio Soriano desde 1995. El libro se puede adquirir en la propia galería y a través de la página

Cuando el color vibra

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