Autoretrato

 

Me alejo de la respuesta esperada, de la reacción común denominador.
Serio a primera vista, me asustan las muchedumbres,
camino en sentido contrario cuando empiezan los fuegos artificiales.
Apago la tele, sobre todo si hay niños delante.
Regreso en la operación salida, y no piso los templos,
no por ateo sino porque no creo en sus gestores, ni confío en su contabilidad.

A veces me hastío de mí y de no tener fuerza suficiente para cambiar el mundo,
con un dibujo y una poesía.
Mi cara lo dice todo, incluso cuando hay que disimular.
Los días sin fruto me derrumbo como un alud.
Me gusta leer -si es posible, y aunque mientan- las etiquetas.
Voy acompañado de mis circunstancias,
aunque ellas no cuenten conmigo todo lo que quisiera.
Recelo de los días señalados, pues no distingo los auténticos de los falsos.
Prefiero el silencio, en ciertas situaciones, a las frases hechas.
Me gusta madrugar, escuchar el canto de los pájaros,
y no creo que la poesía haya muerto.
Soy natural por ingenuo,
y humano por naturaleza.
Pienso las respuestas algo tarde,
cuando da igual o el tema de conversación se ha olvidado.
Por eso, si ahora volviera al colegio,
les diría más de cuatro cosas a los profesores.
En otoño renazco con el viento y el caer de las hojas.

A.S.Puche, Cortafuego ©2017

 

In memoriam

La muerte está lejos,
a la vuelta de cada esquina.
Pese a nuestras controversias,
la muerte sigue su curso.
Venimos de ella, y a ella vamos.
Desde el origen del universo
hasta septiembre
de mil novecientos setenta y dos,
según el calendario romano,
a las cinco y cuarto de la tarde,
yo no existía.
¿O fue nueve meses antes?
Descarto la opción de vidas pasadas,
porque, en su caso, ¿cuántas fueron?
En algún momento tuve que no ser.

Millones de años pasaron y no pasó nada,
sólo silencio y la noche después de un pestañeo.
Nada recuerdo, ni haber nacido, ni haber muerto.

La muerte está lejos, escondida en los cementerios,
y es tan vieja que algún día llegará su hora.
Cojea, le falla la vista,
por eso se equivoca tan a menudo,
y se sienta a descansar en cualquier camino.
Sus liftings no pueden engañarnos,
aunque parezca de espaldas una quinceañera.

A.S.Puche – Cortafuego, 2017 ©

Sólo palabras

27

Hay palabras amantes,
siempre dispuestas,
de las que nunca faltan
cuando uno es feliz,
son necesarias esas palabras,
para celebrar eclipses,
para borrar distancias.

Las hay que no aman,
políticamente correctas,
de las que abundan en discursos,
informes y cartas certificadas,
son palabras distantes,
frías y calculadas,
para sellar acuerdos,
para rendir/derrotas.

Hay palabras que odian
y viven agazapadas,
esperando el momento
de hundir su etimología
en nuestras narices despistadas.
Si no saben qué decir disparan,
indiscriminadamente,
para hacernos vulnerables,
callar y sentir nada.

A.S.Puche – Cortafuego ©2017