Paraíso en obras

En el siguiente enlace podéis pedir mi primera novela, Paraíso en obras, obra autobiográfica de un artista que busca respuestas, escrita de forma directa y sencilla, sin renunciar a la poesía de la vida, que convierte lo cotidiano en extraordinario.

https://www.megustaleer.com/libros/paraso-en-obras/MES-105155

Está disponible en formato impreso y digital en diferentes tiendas on line. Ha sido autoeditada con Caligrama. En un total de 328 páginas, hago un recorrido existencial cuyo hilo conductor es el arte. El libro no responde a ninguna moda. No está pensado para gustar a un público determinado, sino para llegar a cualquiera; ni para vender apilado en la entrada de unos grandes almacenes. De ahí su autenticidad. Y eso atraerá al lector, que sabrá valorarlo como lo que es: mi versión de los hechos.

Solo palabras (Reeditado)- Cortafuego 2017

27

Hay palabras ardientes
que todo lo arrasan,
incitan a echar el pestillo
para que no se extinga su llama.
Arqueando el cuerpo,
su relámpago recorre la espalda,
se ramifica como un delta
y sale al mar donde acaba.

Hay palabras misterio,
inasibles, oxidadas,
siempre existieron
aunque nunca fueron pronunciadas.
Son como gemas, pulidas y raras,
aparecen cuando menos lo esperas,
para elevar la mirada.

Palabras invisibles,
ocultas entre líneas,
convictas y marginadas,
de las que nadie supo a tiempo
porque estaban enredadas,
en la prisa, en el miedo, en la distancia.
Ni sombra de lo que fueron,
son palabras resignadas,
que saltan al vacío debidamente maquilladas.

Hay palabras amantes,
siempre dispuestas,
de las que nunca faltan
cuando uno es feliz.
Son necesarias esas palabras,
para celebrar eclipses,
para borrar distancias.

Las hay que no aman,
políticamente correctas,
de las que abundan en discursos,
informes y cartas certificadas.
Son palabras distantes,
frías y calculadas,
para sellar acuerdos,
para rendir/derrotas.

Hay palabras que odian
y viven agazapadas,
esperando el momento
de hundir su etimología
en nuestras narices despistadas.
Si no saben qué decir disparan,
indiscriminadamente,
para hacernos vulnerables,
callar y sentir nada.

Antonio Soriano Puche, Cortafuegos © 2018 Ediciones en Huida

Ciudad Centro

 

 

Visitantes con palos de selfie llenan miradores,
bancos y paradas de taxi.
Grupos de turistas recorren la ciudad,
fotografiando aldabas, tejados y murallas,
filas de estudiantes nerviosos atentos al silbato.

En el caos equilibrado
los conductores intercambian su mal humor,
otros pasan de largo, ajenos al tumulto de vuelos charter.
Maletas sortean rastros de perro,
golpeando los bordillos.
Sándalo y piel de cabra, filetes de cordero ensartado.
Es el bazar, como sus ornamentos,
sin principio ni fin.

Leones de resina iluminan escaparates,
coches patrulla flanquean Ciudad Centro.
Fast food, niños en el carroussel,
palomas encapuchadas abanican la tarde.
La catedral dobla su apuesta,
¿Cara o cruz? ¿Luna o espejo?

El viejo palacio sobre el  Darro,
cuya puerta cuesta catorce euros cruzar.
Largas pendientes de adoquines,
los neumáticos percuten notas improvisadas.
Así son las calles, patios de clausura.
Peregrinos con cajones flamencos marcan el paso,
ritmos latinos prendiendo el atardecer.

De una ventana un lamento remasterizado,
entona el cantaor como neblina acariciando los zarzales.
Jamones en montones,
vírgenes rizadas soñolientas entre cafés cortados
y bocadillos para llevar.

Antonio Soriano Puche, Cortafuegos ©2018 Ediciones en Huida

Autoretrato

 

 

Me alejo de la respuesta esperada, de la reacción común denominador.
Serio a primera vista, me abruman las muchedumbres,
camino en sentido contrario cuando empiezan los fuegos artificiales.
Apago la tele, sobre todo si hay niños delante.
Regreso en la operación salida, y no piso los templos,
no por ateo, sino por cuestiones puramente burocráticas.
A veces me hastío de mí y de no tener fuerza suficiente para cambiar el mundo,
con un dibujo y una poesía.
Mi cara lo dice todo, incluso cuando hay que disimular.
Los días sin fruto me derrumbo como un alud.
Me gusta leer, si es posible, las etiquetas.
Voy acompañado de mis circunstancias,
aunque ellas no cuenten conmigo todo lo que quisiera.
Recelo de los días señalados, pues no distingo los auténticos de los falsos.
Prefiero el silencio, en ciertas situaciones,
cuando lo que decimos son frases hechas.
Me gusta madrugar, escuchar el canto de los pájaros,
y no creo que la poesía haya muerto.
Soy natural por ingenuo y humano por naturaleza.
Se me ocurren las respuestas algo tarde,
cuando da igual o el tema de conversación se ha olvidado.
Por eso, si ahora volviera al colegio,
les diría más de cuatro cosas a los profesores.
En otoño renazco con el viento y el caer de las hojas.

A.S.Puche, Cortafuegos ©2018 Ediciones en Huida

In memoriam

La muerte está lejos,
a la vuelta de cada esquina. 
Pese a nuestras controversias, 
la muerte sigue su curso. 
Venimos de ella, y a ella vamos. 
Desde el origen del universo 
hasta septiembre de mil novecientos setenta y dos, 
según el calendario romano,
a las cinco y cuarto de la tarde, 
yo no existía. 
¿O fue nueve meses antes? 
Descarto la opción de vidas pasadas, 
porque, en su caso, ¿cuántas fueron? 
En algún momento tuve que no ser.
Millones de años pasaron y no pasó nada, 
sólo silencio y la noche después de un pestañeo.
Nada recuerdo, ni haber nacido, ni haber muerto.

La muerte está lejos, escondida en los cementerios,
y es tan vieja que algún día llegará su hora.
Cojea, le falla la vista, 
por eso se equivoca tan a menudo,
y se sienta a descansar en cualquier camino.
Sus liftings no pueden engañarnos,
aunque parezca de espaldas una quinceañera. 

A.S.Puche, Cortafuegos © 2018 Ediciones en Huida